La desertificación: qué aprender de Israel

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Con la subida de las temperaturas a nivel mundial y el aumento exponencial de la población humana, ha aumentado también la vulnerabilidad de nuestro planeta a la desertificación, un proceso de degradación ecológica en el que el suelo fértil y productivo pierde total o parcialmente el potencial de producción. Aunque este fenómeno ha venido ocurriendo a través de la historia, su ritmo se ha acelerado en los últimos años. Según un estudio llevado a cabo por la ONU, el ritmo de la desertificación hoy en día es 30 o 35 veces mayor al ritmo histórico.


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La preocupación por este fenómeno se centra en la degradación de suelos causada por la actividad humana en zonas áridas (que excluyen los desiertos como tal), que, según la ONU, ocupan aproximadamente 41.3% de la superficie terrestre. La población que vive en estas zonas comprende más de mil millones de personas en aproximadamente 100 países. Estas personas son de las más pobres y marginalizadas en el planeta, ya que sobreviven en condiciones de persistente sequía y escasez de alimentos. Sus vidas se ven amenazadas por este fenómeno, que se estima que podría desplazar a más de 50 millones de personas para el 2030.

Según el World Atlas of Desertification de la Comisión Europea, más del 0 de la superficie terrestre se ha degradado en cierta medida y, para el año 2050, este número podría ascender al 90%. Hay varias razones por las cuales este proceso ha venido incrementando exponencialmente, y la gran mayoría de ellas se debe a la actividad humana. En la región del Mar de Aral en Uzbekistán y Kazajistán, el uso excesivo de agua para irrigación agrícola ha sido uno de los principales culpables en la reducción del nivel del mar y la subsiguiente desertificación del territorio. En la zona de Sahel, en África, el creciente número de habitantes en la región entre el desierto del Sahara y las sabanas al norte del continente ha causado un incremento en la extracción de madera, agricultura ilegal y deforestación para acomodar al desbordamiento de población. Esto, sumado al cambio climático y al aumento de temperaturas, está poniendo en riesgo regiones como la cuenca del mediterráneo. Según un estudio publicado en la revista científica Science, un aumento de 2 grados Celsius podría convertir a todo el sur de España en una zona totalmente desértica. 


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Con esto en mente, la mirada del mundo debería centrarse en Israel, un país que está compuesto en un 95% por tierras áridas, sin mencionar que el 60% de este se compone del desierto del Neguev. Esto significa que Israel está siempre bajo la amenaza de la degradación de suelos y la desertificación en la gran mayoría de su territorio. La diferencia es que Israel ha tomado medidas para combatir estas amenazas, tales como el uso responsable del agua, la forestación y reforestación, investigaciones para lograr irrigación con agua salina exitosamente, entre muchas otras. 

En gran medida, el plan de Israel para combatir la desertificación se ha fundamentado en la sostenibilidad de sus métodos y la eficacia con la que usan sus recursos naturales. Israel se ha enfrentado históricamente con una escasez de agua que amenaza a las vidas de todos sus habitantes. Es por esto que, en vez de desperdiciar las aguas residuales, se han convertido en los pioneros en su manejo sostenible. Según el Instituto Jacob Blaustein for Desert Research en la universidad Ben-Gurion, el 50% del agua para riego en Israel viene de aguas residuales recicladas. Además, la Autoridad de Aguas israelí planea llegar al objetivo de reclamar el 100% de todas las aguas recicladas para utilizarlas como aguas de riego.


El bosque de Hiran en Israel, antes y después de su reforestación (1998-2008).  Fuente: KKL-JNF

El bosque de Hiran en Israel, antes y después de su reforestación (1998-2008). Fuente: KKL-JNF

Esta es una de las muchas maneras con las que Israel ha estado batallando la desertificación en su territorio exitosamente y han permitido que se convierta en el único país con un aumento neto de árboles en los últimos cien años. El planeta en conjunto debería seguir el ejemplo de Israel para aprender cómo combatir y evitar los posibles efectos devastadores de la desertificación.

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